La Rubia Sideral cancion hecha para el año de 1991 por el mitico grupo de la derecha. de su album Balas de Bebe y Otras canciones de cuna

LA RUBIA SIDERAL.
Fuimos.
En una zona de gente escandalosa, modicos los espasmodicos.
Sobre, Sobre los buses.
Y los pajaros detestan las alturas.
Oh no solo asfalto, oh no, solo cemento
En las cabezas.
La rubia sideral descansa en el bar y muestra sus nalgas blancas como el marmol, como el marmol. “y arañas, ¿donde estan las arañas?”
Oh noooooooo, solo asfalto, oh no, solo cemento.
En mi cabeza.
Vaya, vaya, vaya
Ella, donde venimos a dar.
donde a dar
Ella, ella, ella
Ella, ella, ella.
Despues de contarles esta sencilla historia, no importa si sucede Transilvania o en Pensilvania .
poblada, poblada, de tran, transexuaaaaaaaaaaaaaaal.
Oh noooooooo, solo asfalto, oh no, solo cemento.
En mi cabeza.
vaya, vaya, vaya y ella, ella es una chica alegreeeeeee.
Ella se acerca en el mar, al lado de las montañas.
Cerca al caos, caos, caos.
Ella es la rubia sideral.
EL OFICO DE LAS COSAS RARAS.
La visión de la prostitución en la ciudad es cotidiano, insufrible vive y a su vez es insoportable. Pero esta etica un poco santurruna mojigata desde mi punto de vista, refleja lo que nos ha costado vivir con el ofico más antiguo de la historia.
Y es que hemos satanizado casi todo desde las pespectiva privada, hacia lo publico desde lo sexual, a lo cotidiano. Pero la prostitución ha sido la columna vertebral de la ciudad, en ella se semientan todas las frustaciones sociales, y a su vez los placeres y placebos de la misma, como una red “social” que hace escapar de la rutina del smog.
Como lo refleja Leo Carreño director, de la sombra del caminante. En esta fotografia vive una salida de campo, la fotografia capta sueños y frustaciones de estas personas, lo que jutifica el relato y al mismo tiempo lo que expresa la cación de la deracha.

Testimonio de Leo Carreño:Los gajes del oficio me llevaron a una tradicional y reconocida whiskería capitalina en donde una joven rubia me declaró su amor. Me sentí mal cuando agarró mi mano y susurró: “que manos tan suavecitas”.
Suplicó que la acompañara en esa solitaria noche, tal vez para evitar algún grasoso (y calloso) sujeto de esos a los que está mal acostumbrada. O quizás sólo pretendía seducirme para apoderarse de unas riquezas inexistentes que imaginó en mí.
Inmediatamente huí pagándole con una foto junto a sus compañeras de trabajo.
Se ve que es una buena tipa.
Dentro del circulo urbano yo lo clasificaria como el Cronopio del oficio de las cosas raras.